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Alojarse en Le Lion d’Or 1774 significa vivir al ritmo de los castillos del Valle del Loira.
Aquí, la historia de Francia se despliega ante usted: desde el interior de nuestra residencia renacentista hasta los magníficos monumentos del «Valle de los Reyes». Chambord con su escalera de doble hélice, Cheverny con su elegancia clásica, Chenonceau con su encanto romántico... Cada castillo narra un capítulo de nuestro patrimonio.
Y entre visita y visita, encontrará el confort de un hogar excepcional en Le Lion d’Or, donde la cocina con estrella Michelin, las habitaciones tranquilas y una cálida acogida se combinan para hacer de su estancia una experiencia verdaderamente única.
Le Lion d’Or 1774: cinco siglos de historia y el arte de vivir francés.
Enclavado en el corazón del Valle del Loira, entre Chambord, Valençay y Amboise, Le Lion d’Or 1774 es mucho más que un hotel; es un libro abierto sobre la historia de Francia. La historia se remonta a principios del siglo XVI, cuando Jean Gitton, señor de Montgiron y estrecho colaborador de Francisco I, encargó la construcción de esta mansión de estilo renacentista. En aquella época, sus muros acogieron a los primeros regidores y maestros pañeros de Romorantin, siendo testigos tempranos del prestigio de la localidad...
Como el hotel-restaurante más antiguo de Francia, Le Lion d’Or 1774 se enorgullece de contar con una experiencia inigualable en el arte de la hospitalidad.
Nuestro personal y nuestras instalaciones le dan la bienvenida a un establecimiento dedicado a hacerle sentir verdaderamente especial, satisfaciendo todos sus deseos. Si algo nos han enseñado nuestros 250 años de trayectoria, es la importancia fundamental de la renovación y la mejora constantes. Aquí, como siempre, cada detalle cuenta: desde una sonrisa discreta hasta una atención personalizada, pasando por espacios donde el encanto histórico se fusiona a la perfección con el confort contemporáneo.
Elegancia natural, un servicio atento y la promesa de momentos únicos que, esperamos, le hagan volver a visitarnos una y otra vez.
Alojarse en Le Lion d'Or 1774 le sitúa en un lugar céntrico e ideal para explorar los castillos del Valle del Loira. Descubra una selección de lugares imprescindibles que dan fe de la rica historia de Francia.
Entre los sinuosos meandros del Loira —declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO— se extiende un paisaje donde la historia y la naturaleza se armonizan. Aquí, los castillos narran siglos de esplendor real: Chambord, una obra maestra del Renacimiento con su singular escalera de doble hélice, y Chenonceau, un elegante puente de piedra que cruza el río Cher. Encaramada en su promontorio, Amboise custodia la tumba de Leonardo da Vinci, mientras que Villandry cautiva a los visitantes con sus jardines simétricos, una auténtica joya renacentista.
Sin embargo, el Valle del Loira es también una tierra de generoso *terroir*. Los viñedos de Vouvray, Montlouis y Chinon se extienden por laderas bañadas por el sol, invitándole a degustar vinos blancos secos o dulces y tintos afrutados. Las bodegas trogloditas, excavadas directamente en la roca caliza de toba, ofrecen una visión fascinante del arte de la elaboración del vino, combinando tradición e innovación.
Ya sea recorriendo vías verdes en bicicleta, navegando por el Loira o visitando fincas vinícolas, cada momento depara un nuevo descubrimiento. Es un legado vivo, un patrimonio que se disfruta tanto al saborearlo como al admirarlo.
Fundada en la Edad Media, Romorantin sirvió como plaza fuerte gracias a su ubicación estratégica entre Tours y Orleans. La localidad debe parte de su renombre a la familia real, que la convirtió en su residencia, y a Leonardo da Vinci, quien se alojó en el Clos Lucé. En el siglo XVI, prosperó gracias al comercio y la artesanía, especialmente la industria textil. Su patrimonio, entre el que destacan la iglesia de Saint-Étienne y las casas de entramado de madera, sigue siendo testimonio de este pasado dinámico.
Hoy en día, la ciudad constituye un excelente punto de partida para visitar la región. El Museo de Sologne sumerge a los visitantes en la historia local, mientras que los estanques de fácil acceso —como el de Brouard— y los bosques estatales ofrecen paisajes vírgenes, ideales para el senderismo o la observación de la fauna. Como típica localidad de provincias, cuenta con un encantador mercado semanal de visita obligada y con talleres artesanales que mantienen vivos los oficios ancestrales. Es un destino donde convergen el patrimonio, la naturaleza y la cultura.